jueves, 23 de febrero de 2017

24 de febrero -Beato Constancio de Fabriano -Presbítero

Nace a principios del s. XV en Fabriano (Italia) de la familia Sérvoli de modesta condición. Se distinguió por la austeridad de su vida y por su interés en promover la paz (1481). 
Fue de oración asidua, vida austera y gran trabajador por la paz. Cooperó decididamente en la reforma promovida entonces por san Antonino de Florencia, siendo prior de los conventos de Fabriano, Perusa y Ascoli Piceno.
La bondad y piedad de Constancio era conocida y admirada ya desde su niñez. En cierta ocasión en que los médicos habían desahuciado a su hermanita, Constancio Bernocchi rogó a sus padres que se arrodillaran con él junto al lecho de la enferma para orar por su curación. Sus padres lo hicieron así y la niña quedó instantáneamente curada. Al crecer, Constancio entró en la Orden de Santo Domingo, en el convento de Santa Lucía, a los quince años de edad. Según parece, recibió el hábito de manos del beato Lorenzo Ripafratta, quien era entonces prior de ese convento de estricta observancia.
Constancio fue uno de los que trataron de reformar el convento de San Marcos de Florencia y durante su profesorado en esa ciudad, dio por primera vez muestras de poseer el don de profecía. Por ejemplo, presenció en espíritu la muerte de san Antonino, como lo menciona la bula de Clemente VII sobre la canonización de dicho santo. Se cuenta también que Constancio había recibido del cielo el poder de obrar milagros. Además de su propio oficio, desempeñó también el de pacificador en los tumultos populares.
Constancio no tenía el espíritu alegre de otros muchos santos de su orden. Generalmente estaba triste. Como alguien le preguntase por qué reía tan raras veces, Constancio respondió : «Porque no sé si mis acciones agradan a Dios». Rezaba todos los días el oficio de los muertos; también rezaba con frecuencia el salterio entero, que conocía de memoria. Recomendaba a otros la misma devoción y decía que, cuando quería obtener una gracia, rezaba el salterio por esa intención y la obtenía infaliblemente.
Con la ayuda del concejo municipal, reconstruyó el convento de Ascoli, donde vivió y murió, a pesar de que el pueblo de Fabriano le rogó repetidas veces que fuese a pasar los últimos años en su tierra natal. Su fama de santidad era tan grande, que las gentes consideraban como un privilegio el hablarle o tocar su hábito.
Murió el 24 de febrero de 1481 y su cuerpo reposa en la hermosa iglesia de Santo Domingo y su cabeza se venera en la catedral de Fabriano. El senado y el concejo de la ciudad declararon que su muerte era «una calamidad pública» y pagaron los gastos de un pomposo funeral.

Su culto fue confirmado por el Papa Pío VII el 22 de septiembre de 1821.

lunes, 20 de febrero de 2017

20 de febrero - Beato Cristóbal de Milán

Cristóbal nació en Milán (Italia) alrededor de 1410. Dedicado el estudio y al culto divino, fue maestro de novicios y predicador itinerante, siendo muy amado de todos por la santidad de su vida y el fruto de su predicación. Murió en el convento de Taggia (Liguria) el miércoles de ceniza, después del 3 de marzo, de 1484 y su cuerpo se venera en su iglesia de Santa María Madre de las Misericordias. Su culto fue confirmado en 1875 por el Papa Pio IX.

Se llama al beato Cristóbal «el apóstol de Liguria», por el éxito con que evangelizó esa región de Italia. Cristóbal tomó el hábito de Santo Domingo a principios del siglo XV. Después de su ordenación, su fama de predicador se propagó rápidamente. Sus biógrafos hacen notar que los sermones del beato, que obraban grandes conversiones y mejoraban las costumbres del pueblo, se basaban siempre en la Biblia, los escritos de los Padres y la teología de Santo Tomás. Por su parte, el beato Cristóbal clamaba contra los predicadores que lanzaban ideas nuevas con el objeto de ganar popularidad y estar a la moda, en vez de comentar el Evangelio. Con verdadero espíritu misionero, Cristóbal recorría incansablemente los sitios más peligrosos y difíciles de la región para salvar almas. Los habitantes de Taggia, donde su predicción había tenido particular éxito, construyeron en su honor una iglesia y un monasterio, del que el beato fue nombrado prior.

Dios le había concedido el don de profecía. Cierta vez, al ver bailar en la plaza a los habitantes de Castellano, exclamó el beato: «Vosotros no pensáis ahora más que en bailar, pero el día de la ruina está muy cerca y vuestra alegría se tornará en dolor». La profecía se cumplió pocos años más tarde, pues la peste mató a casi todos los habitantes de la población. El beato predijo también la destrucción de Trioria por los ejércitos franceses y anunció a los habitantes de Taggia que deberían huir sin ser perseguidos y que el río se desbordaría y acabaría con los huertos. Dichas profecías se cumplieron hasta en sus menores detalles. El beato se hallaba predicando la cuaresma en Pigna, cuando le sorprendió su última enfermedad. Pidió que le transportasen a Taggia y expiró en su amada ciudad (1484).

“Fue un verdadero Cristóforo – portador de Cristo - porque llevó a Cristo no sólo en el nombre sino también en el corazón y los labios”

domingo, 19 de febrero de 2017

19 de febrero - Beato Álvaro de Córdoba

El tiempo que le toco vivir a Álvaro, no fue fácil. El siglo XIV -Álvaro nació alrededor de 1360- en la Orden fue un tiempo de profunda crisis. La vida de los frailes no era todo lo regular y religiosa que debería ser -así dicen los historiadores-, pero a la vez que vidas poco religiosas, aparecieron figuras que trataron de ser fieles al primitivo carisma regular de Santo Domingo de Guzmán. Santa Catalina de Siena y el Beato Raimundo de Capua en Italia comenzaron una reforma dentro de la Orden que poco a poco fue extendiéndose por toda Europa y dando sus frutos durante todo el siglo XV y XVI con grandes figuras para la Iglesia.
Muy significativo para toda la identidad dominicana es que la reforma no supuso, como en otras familias religiosas, la ruptura en distintas órdenes. Siempre se salvaguardó la unidad, y la reforma no se hizo ni con imposiciones ni con dramáticos enfrentamientos, sino que fue poco a poco ganando, desde sus propios valores comunitarios y democráticos, la vida de los frailes predicadores para una mayor tensión y responsabilidad religiosa para la misión de la predicación.
Pues bien. En España fue con este nuestro santo de hoy, el Beato Álvaro de Córdoba, y con su fundación del convento de Scala Coeli en la sierra cordobesa, desde donde fueron implantándose los modos reformados en los Reinos de la Península Ibérica.
La vida de Álvaro cambió con un viaje. Un viaje a Tierra Santa que le hizo pasar por los conventos reformados de Italia. El que había sido profesor de teología y confesor de reyes, a su vuelta a España y al encontrar un lugar en la sierra cordobesa que le recordó los alrededores de Jerusalén, decidió fundar un convento solitario y retirado para vivir como había conocido en Italia. Ese fue Scala Coeli, la escalera hacia el cielo en latín, un lugar donde vivir en comunidad, en oración y predicación, en autenticidad.
Dos hitos nos trae la figura de Álvaro de Córdoba. Una la del Via Crucis. Y es que esta oración en que recordamos en catorce momentos -estaciones- la Pasión de Jesucristo, el camino desde su prendimiento en el Monte de los Olivos, hasta su entierro en el Sepulcro, llegó a España en forma embrionaria de su mano, al establecer en los alrededores del convento un primer modelo de Via Crucis que aun no tenía las catorce estaciones, una especial manera de reflexión sobre la Pasión, una forma de contemplación en distintos lugares, un Via Crucis “en proyecto” que después se fue desarrollando por toda nuestra geografía.
Y junto a eso, una de las anécdotas de su vida, la del Cristo de san Álvaro, que nos habla de mucho más. Regresando de predicar de la ciudad de Córdoba al convento de Scala Coeli, que está a unos diez kilómetros, en una cuneta del camino se encontró un mendigo desmayado que ni hablar podía. Lo recogió envolviéndolo en su capa, para subirlo al convento y cuidarle allí. Al llegar y abrir el manto, en vez del mendigo, llevaba en sus brazos la figura de un Cristo, que aún se conserva y venera en el convento de Scala Coeli. Es clara la idea y la imagen: en los últimos, los pobres y desvalidos, es donde encontramos a Cristo.
En esas dos claves vemos mucho de lo que Álvaro quiso vivir en la sierra de Córdoba: la oración y la predicación, dos de las claves fundamentales de la vida de todos los dominicos, de lo que fue la reforma de la Orden, y de lo que estamos llamados todos los dominicos a ir cada día viviendo más en verdad.

viernes, 17 de febrero de 2017

18 de Febrero - Beato Fray Angélico

Presbítero y Artista Plástico.
Patrono Universal de los Artistas.
"El que quiera pintar a Cristo en esta tierra
debe estar muy cerca de Cristo".
El 18 de Febrero de 1984 el Beato Angélico es declarado por Juan Pablo II: Patrono Universal de los Artistas. Era un Predicador y un Teólogo en la Iglesia, no solo desde el púlpito sino desde las imágenes plásticas. Con gran fidelidad a la misión religiosa de su vida, proponía con su arte celestial los divinos misterios que contemplaba en la oración y en el estudio de la Sagrada Verdad.
En la beatificación de fray Angélico, el papa Juan Pablo II citó de una antigua biografía: "Su pintura fue el fruto de la gran armonía entre una vida santa y el poder creativo con que había sido dotado."